lunes, 1 de abril de 2013

***La batalla de Gandalf en el puente***por RAMTHA***





 


En la gran colección de libros llamada El Señor de los Anillos, se cuenta una gran historia. Si alguna vez estás interesado en leer sobre el Observador versus la humanidad, deberías leer estos libros, porque hablan sobre la verdad. De hecho, el libro entero está dedicado a la verdad.

Cuando el maestro profesor se encuentra sobre un puente sumamente endeble delante de un monstruoso nigromante, tan siniestro y aterrador que te haría estremecer, y le dice:

«no puedes pasar», —un pequeño maestro en contra de un enorme nigromante— ese es el pasaje que capta el mito del Observador y de las voces del nigromante más genialmente que ninguna otra obra escrita. Esa es la verdadera historia de un maestro; ese pasaje en particular: «no puedes pasar».

Una pequeña entidad que le habla a un enorme nigromante que se acerca desde el otro lado del puente. Debajo del puente yace el abismo, y el maestro, protegiendo a los que ya habían pasado, se adelanta y dice: «no puedes pasar».

Imagínate a un nigromante que te mira y dice:

«¿Qué pasa? ¿No me tienes miedo»

«No, no te tengo miedo. Y no vas a pasar.»

Esto es lo más profundo del mensaje: el nigromante podría, con toda seguridad, despedazar al maestro en el puente, puesto que es mil veces más grande. Pero el maestro tiene algo que el nigromante no tiene: voluntad. «No pasarás.»

¿Sabes que la voluntad es algo muy poco común en la humanidad y en los nigromantes? Es una de las raras cualidades de la grandeza. «No pasarás. No me importa lo grande ni lo malo que seas; no me importa lo feo que seas. No pasarás, porque yo lo digo.»

Esta es el arma más efectiva que existe. Y el maestro y el nigromante libran la batalla. Escúchame: cuando frente a un peligro horroroso, una persona llega al borde y dice «no pasarás», ese es el gran momento en que el Dios se hace presente y dice: «No pasarás. No me importa si piensas que puedes matarme. No me matarás jamás, porque no pasarás. No importa lo que le hagas a mi cuerpo, lucharé contra ti aunque no tenga cuerpo, y aun así no pasarás. Porque si destruyes mi cuerpo me conviertes en un monstruo todavía peor.»

¿Entiendes? ¿Qué vas a hacer con alguien a quien puedes matar, pero que en cuanto lo haces liberas su espíritu y se vuelve más terrible todavía? ¿Qué vas hacer al respecto? Eso es un maestro. Un maestro no tiene por qué ser una entidad grande, puede ser una entidad pequeña; simplemente tiene que ser obstinado. «Y no lo harás.» Eso es voluntad.

¿Y sabes qué se requiere para ser de este calibre? Ser el Observador, que es intrépido e incorruptible. Y no me importa lo numeroso que sea el ejército. No me importa lo malo y lo grande que sea el extraterrestre; ese extraterrestre no le hará nada a alguien que se plante y diga: «¡No! Tú puedes llevarte mi cuerpo, y si lo haces, hazlo, porque sufrirás las consecuencias, ya que seré peor de lo que jamás hayas soñado.»

¿Entiendes? Desearía que leyeras ese pasaje. Entonces entenderás de qué hablo aquí con respecto al Observador. El maestro que se convierte en Cristo es el Observador por excelencia. No importa la vestimenta que lleve puesta. «No puedes pasar. Dame tu espada, córtame la cabeza, libérame de este cuerpo, porque en cuanto lo hagas serás una mota de polvo, y yo seré un huracán. Tú eliges lo que quieres hacer.»

¿Entiendes? El maestro es el genio de la botella, parece que él fuera la botella. Y el genio dice desde la botella: «En el momento que me hagas algo, me destaparé y saldré de aquí. Y tú serás una mota de polvo, y yo seré un huracán. No puedes pasar de ninguna manera». Eso es Dios.

¿No lo entiendes? Dios no tiene que pensar sobre lo que tiene que decir; Dios no necesita ensayarlo; no tiene que volver atrás y reforzarlo. Simplemente adopta una postura, y eso es todo.

¿Quiénes son tus nigromantes? Son los demonios que has creado y agrandado a partir de situaciones de tu vida que son ridículas. El día que tu Observador se detenga en el puente y diga: «Hasta aquí has llegado. No vas a pasar por aquí hacia mi nueva vida; estoy aquí para decirte que hasta aquí has llegado.» Dios mío, estamos hablando de caos total, ¿no es así?

Porque puedo traerte al extraterrestre más feo, malo y cruel que hayas visto en tu vida, y te aterrará. Pero no hay nada más espantoso que un enemigo sutil. Y el enemigo sutil es tu pasado y tu victimismo y todas las cosas que repites continuamente: «si no hubiera sido por este incidente.., si no hubiera sido por esto otro...» ¿No me has escuchado? Los conviertes en nigromantes. Y cuanto más obligados se ven a destrozar tu vida y tu poder, más grandes se vuelven, Y solamente existen en tu mente.

Y la persona al final de la acera no tiene ni la menor idea de tus problemas, no sabe que tienes un demonio en la espalda, igual te va a pedir veinticinco centavos; no le importa. A la hacienda pública no le importa; les tiene totalmente sin cuidado. ¿Qué pasa cuando te detienes en el puente y dices: «no puedes pasar»? Es muy sencillo. ¿A quién se lo dices?

Se lo dices a tus problemas; a los problemas de los que hablas con tus amigos, tu familia, tu compañero: «él me hizo esto, o ella me hizo lo otro; fueron ellos; no tengo suficiente y ellos me lo quitaron, y ahora mírame...» No importa de qué voz se trate: es siempre el nigromante en el puente. Y hasta este momento has permitido que ese nigromante devore todo en tu vida.

Le has permitido que devore el corazón de tu vida. Por eso os llamo los muertos vivientes. Cuándo será el día que te levantes y digas: «Escucha, me da igual lo que sea de mí al otro lado del puente. Simplemente ya no vas a salirte con la tuya. Y puede que no tenga el mismo aspecto ni me sienta igual. No lo sé. Pero estoy cansado de que me persigas, y en verdad, estoy harto de acobardarme ante tus necesidades. Verdaderamente lo estoy.»

Y ese es el día que te detienes y dices: «Ya no puedes pasar. Intenta destruirme con tu mejor arma. Haz lo que tú pienses que me acobardó en el pasado; jamás volverá a acobardarme de nuevo.» Este es el día en el que te vistes de blanco. Es el día en el que entiendes el mensaje. ¿De qué estamos hablando? Y algunos pensáis, « ¿de quién estás hablando?» Hablo de ti, que enumeras todas las razones por las que no eres feliz y las razones por las que necesitas que la gente que te rodea te haga feliz. Hablo de toda la gente enferma de esta audiencia, y de todas las justificaciones que se pueden dar de la enfermedad. Y hablo de toda la gente infeliz de esta audiencia, y de todas las razones que les dan a los demás de por qué no son felices. Y hablo de todos los que piensan que nunca serán felices hasta que no tengan todo el dinero del mundo; de todos los que pensáis que no seréis felices hasta que estéis con la persona de vuestros sueños. Esto tiene que ver con todos vosotros, con todos los que han sido heridos, violados o abandonados. Estoy hablando Contigo. Tú creaste a esos nigromantes


Extracto del libro "La Batalla de Gandalf en el Puente" por Ramtha
 

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