viernes, 22 de marzo de 2013

LOS CUENTECITOS DE MI NIETA. Con la magia y la sabiduría divina






Tiene tres años y medio y dos ojitos grandes, negros como la boca de dos cañones. Todo lo que sabe hablar lo ha aprendido en una especie de aguacero repentino de palabras, en cosa de seis meses. Se nota que está cruzando la etapa del desarrollo verbal y que está muy orgullosa de su nueva forma de pronunciar las palabras. Es decir, es un lorito picarón. Y a esa misma velocidad marcha su pensamiento, o mejor, su imaginación. Para ella lo que importa son los colores, no las razones. Su conversación se balancea todo el tiempo entre la realidad y la ficción. En resumen, siempre tiene a mano un cuento en el que ella misma es protagonista.
Su nombre verdadero es María Lucía. Si luego se ha reducido a Chía es porque hasta hace poco no era capaz de pronunciar una palabra larga. Las de tres sílabas o más se le atravesaban en la garganta y luego las pobres salían rodando y en pedazos. De esa manera el teléfono era el tósimo, Boc Esponja era Popompa, y ella misma era sólo Chía.
Si en un momento se encuentra inactiva, enseguida pide que le leas o que le escuches un cuento que ella sabe: el de un perrito que estaba en la ventana y que se comía las bolsas y las botellas. Creo que a estas alturas ya ha intuido que el mundo es un gran cuento y que también ella tiene derecho a presentarlo como le plazca. Chía, desde luego, no pestañea si alguien le dice que la cigüeña toca el piano con su pico largo o que los caballos suben a pie, en fila, por el aire, camino de las nubes. ¿Por qué no van a subir si a ellos les gusta? Mientras no haya cuentos de por medio, no hay vida. Esa es una de las lecciones que más me ha hecho pensar. Supongo que si lo tomáramos en serio, nos iría mejor, pero algunos se olvidan de que los niños traen dentro de sí un inconsciente colectivo muy antiguo y muy sabio y todavía creen que no dicen más que tonterías.
El psicólogo nos ha dicho que esa viveza de la nieta es como la luz de una bombilla nueva, que no la apaguemos, que tratemos de entrar siempre en su propia lógica. Efectivamente, creo que su lógica es rectilínea, aplastante, y todavía no he encontrado en ella ninguna exageración o desviación. Serán un poco desconcertantes sus mimos, sus pataletas y mohines, pero lo uno no tiene que ver con lo otro. Por eso me he decidido a escucharla en serio, como lo estáis comprobando. Los cuentos de los niños son los proyectos que después intentan desarrollar los adultos, sobre todo los científicos. Los adultos hacen lo mismo que sueñan los niños, pero con retraso y con muchos defectos.
María Lucía está al tanto de los cuentos infantiles que pasan en los canales de la televisión española: Walt Disney, Clan y compañía. Sus mejores amigos, me ha dicho, son unos trenes de colores que saltan como ciervos y que hablan como rumanos. Discuten entre ellos y a veces se pegan sus buenas coces con las ruedas traseras. Son trenes que saludan y que echan humo de colores cada vez que disputan entre sí o que emprenden un viaje. Esos trenes son nuestros deseos y Chía viaja confiadamente en ellos.
-Chía, ¿esos trenes tuyos están vivos?
-Claro, abuelito, ¿no los ves? Y el coche de mi papá también.
-¿Y tu casa de Valdemoro?
-Mi papá le dice que es bonita y entonces las tejas de arriba se ríen cuando él las mira.
Mi problema personal, de acuerdo con el consejo del psicólogo, es que mi conocimiento se queda muy corto con respecto a ese mundo superpoblado de cabezones y pigmeos, al estilo de Hello Kitty, que ella trata como amigos. E igualmente, no tengo su capacidad para adivinar quién está entrando en escena cuando apenas asoma en la pantalla un atisbo musical o gráfico de alguno de ellos.
-¡Tú nunca estás atento, abuelito! ¿No ves que es el trote del burrito Pepe, el zapato del paje, el guante rosado de Dora la Exploradora?
Chía tiene razón. Su capacidad de observación es puntillosa. Lo observa todo y luego se encarga de interpretarlo a su manera. Cuando se pierde algo en casa ella es la que suele decir dónde está, o la que avisa de que ya deberíamos despertar al protagonista de un cuento que le estábamos contando y que por descuido hemos dejado dormido en algún rincón.
Chía ve muchas cosas, pero las ve desconectadas. No entiende las leyes que las relacionan mutuamente. Esas leyes no tienen color y eso ya es suficiente para que no repare en ellas. Según eso, no existen ni el principio de causalidad ni el de contradicción. Y esa es una gran ventaja que aumenta su libertad a la hora de ponerse a fabricar cualquier ficción que se le ocurra. Su lógica, desde ese punto de vista, es impecable.
El mundo de Chía obedece a otras leyes. Primera: todo está vivo. Todo lo que se mueve está vivo, o más radicalmente aún, todo lo que existe, por el hecho de existir, ya tiene una forma de vida. En este mundo nada es inerte. ¡Qué casualidad! ¡Lo mismo que dijo Einstein! Mi nieta puede entenderse con una escoba lo mismo que con el perro o con un muñeco de trapo. Todos están vivos y a su mismo nivel. Segunda: todos los seres vivos pueden hacer lo que quieran: volar hasta las nubes, arrancarse y volverse a colocar los dientes, morirse, resucitar. El mundo marcha conforme a la voluntad y no conforme a la materia. ¡Lo mismo que dijo Schopenhauer!
El primer cuento seguido que me ha echado mi nieta tiene que ver con una niña y un papá. Por lo visto había un charco de agua corriendo por la calle que, según ella, era muy malo, porque no dejaba pasar a la niña. El papá entonces se quitó los zapatos y la pasó en brazos hasta el otro lado. Ese es todo el cuento. El segundo es parecido. Había un caracol en el huerto que tenía los cuernecitos afuera y vino un niño y le dio una patada. El caracol encogió sus antenas y las escondió.
Los dos cuentos son extremadamente hermosos. Vienen a decir lo mismo, que frente a una amenaza, es terrible estar solos. A eso se debe probablemente que cuando llega la noche ella tenga miedo, se acurruque cerca de sus papás y rechace la compañía de cualquier otro. Chía es amiga de la luz y de la compañía. Los niños inventan inmediatamente amigos que vienen como mariposas y de esa forma viven conforme a su propia ley. De un palillo de dientes sacan un capitán de barco. Cuando Chía castiga a su muñeca le dice que le va a llevar sola al baño.
Por cierto, su sentimiento de justicia es tan fuerte como el de su propia autoridad. Hay que verla jugar con Cámel, un perro casi de algodón. Es un Golden Retriever bueno y manso como un tonto. Al pobre sólo le falta que le arranque una oreja o un diente. Pero cuando llega la hora de pasearle, ella está responsablemente presente para sacarle al lado de su papá. Aunque se caiga de sueño, ella le saca a la calle y le da órdenes acerca de todas las tareas que le corresponde hacer: correr, hacer pupú, ir a la derecha de ella. Cámel es tan interlocutor como Lucas o como Alba, dos amiguitos de la guardería. Chía es un poco asustadiza y no sabe defenderse frente a otros niños, pero a los amigos nos trata con una autoridad casi militar.
Cree en sí misma y con eso basta. Ese es el único fundamento de todos los mundos que construye. No necesitan que nadie le dé la razón. Vamos a ver. Si un pato nada sobre la superficie y no se hunde en el agua, ¿por qué no va a poder hacerlo un pez, un barco, un autobús, un cojo o ella misma? ¿Dónde está el disparate? Si un pájaro vuela ¿por qué no va a poder hacerlo un avión, un globo, un perro o una maestra? Tiene razón. Todos ellos son seres vivos y seguro que eso sucederá algún día. Mi nieta cree que el límite del hombre es sólo uno: su voluntad. Sin esa condición, probablemente, vería como imposible la construcción de su propia vida. Y eso sí sería fatal.
Si sólo los peces pueden nadar, entonces nunca intentaríamos cruzar una piscina ni surcar el mar y ella, por cierto, se perdería para siempre las costas del otro lado del mar donde vive su otro abuelito. Pero, no. Ella confía en que, igual que sus personajes, puede ser pez, aeroplano o tigre de bengala. En los cuentos de Chía están contenidas las seguridades más importantes de la vida. Yo se lo volveré a recordar cuando esté un poco más grande.
Sé que hay cuentos complicados que no le producen ninguna emoción. Están pensados con el pretexto de los niños, pero sólo sirven, si acaso, para mayores. Chía no entiende, por ejemplo, que a Blancanieves, por ser tan guapina, le hayan querido matar por lo menos cinco veces, bien a través de un cazador o bien por parte de la misma reina envidiosa. ¡Espejito, espejito! ¿Quién es la mujer más hermosa? Todo eso resulta muy retorcido para ella. A lo sumo entiende bien el alivio que le ofrecen los siete enanitos que la resucitan cada vez que lo necesita o el castigo que se le impone finalmente a la reina: bailar con unos zapatos calientes al rojo vivo hasta que caiga muerta.
Los cuentos de María Lucía son cortos y relampagueantes. Siempre parten de una observación y no se detienen en barreras ni en discursos mentales. En ellos sucede inmediatamente todo lo que ella quiere, lo más bello, lo imposible. Pero su mundo es, por encima de todo, justiciero. También en eso tiene razón: la primera forma de verdad es la justicia. Todas las otras verdades cambian cada hora y por sí mismas no sirven para quitar el hambre a ningún niño.


Ángel Orcajo
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Gracias por compartir este amor del abuelo con su nieta... tan grande... que puede percibir sus maneras de ver el mundo y vivir esa retroalimentación y en cierta forma seguir aprendiendo uno del otro... es hermoso... gracias!!!

Se que todos los abuelos aman a sus nietos, pero no todos pueden tener esa conexión... felicidades!
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Nada me parece mas hermoso que un nino,son tan unicos e inocentes...te agradesco que compartas este relato del abuelo y la pequena la verdad me puse a pensar cuando mis hijos eran pequenos y la gran coneccion que tienes con tus hijos,nadie puede probablemente entenderles pero cuando tienes esa cercania y amor con el nino puedes tener una conversacion con ellos aunque no hablen ...es grandioso cuando amas a un ser humano.
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Hermoso Hermoso Hermoso!!! Dejad que los niños vengan ami..que de ellos es el Reino de los Cielos...Lo que sale del corazon...llega a Dios...Bendiciones con amor....
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Gracias ami. En verdad, los niños tienen tanto para enseñarnos....
Ahora te presento a la verdadera Chia, mi sobri-nieta, sólo que con un añito menos...

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hermosa nietita!! bella damita .....que siempre conserve su inocencia!!! 
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Que nina tan hermosa.
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HERMOSA REDACCIÒN DE LOS SENTIMIENTOS, Y ES QUE A VECES SUELE SER DIFICIL TRANSMITIR CON PALABRAS LO SUTIL PERO AQUI SE LOGRO. FELICIDADES Y UN AMOROSO ABRAZO.

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