sábado, 30 de marzo de 2013

Curso de Crecimiento - La Aceleración Evolutiva -José Marìa Doria



EL CAMINO DE LA VIDA.
Tras muchos años de estudio, Ibrahím era capaz de hablar y discutir sobre todos los temas que se refiriesen al mundo del conocimiento.
Conocía las últimas teorías científicas acerca del comportamiento de la materia y, además dominaba las verdades reveladas de las diferentes religiones del planeta.
En cualquier reunión en donde Ibrahím se encontrase, no escapaba a los ojos de cualquier observador que dominaba perfectamente el arte de disertar acerca de cualquier tema; sobre todo, si éste se refería a los interrogantes más comunes de la humanidad, que él solía definir como:
¿A dónde vamos? ¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos?
Sin embargo Ibrahím sentía que no había encontrado lo que buscaba.
No tenía paz interior y por más libros que leía, sabía que algo importante faltaba para calmar la sed de su corazón
Muchas veces se preguntaba ¿De qué me sirve conocer y conocer, haber repasado las bibliotecas más prestigiosas y haber escuchado a los eruditos más famosos, si no me siento conectado con esa armonía suprema de la que hablan todos los textos?
Así pues, Ibrahím se dijo: "Iré en busca del Maestro Interior de quien también se dice que se halla en lo más recóndito de mi ser, para lo cual iniciaré un largo viaje y, a lo largo de las experiencias que viviré en el transcurso del mismo, encontraré lo que busco.
Así que sin pensárselo más, partió hacia el Este en un despejado amanecer de primavera.
A los tres días de viaje, se encontró con un sacerdote derviche que caminaba como él en la misma dirección.
Al poco, el derviche habló y dijo: ¿Quién eres y adónde te diriges? Yo soy Ibrahím y voy en busca del Maestro Interior
A lo que el derviche contestó Yo soy El-Faith y caminaré contigo ¿Puedes tú ayudarme a encontrar el maestro Interior?
El encuentro con el Maestro Interior depende en como se utilice la experiencia, y, eso es algo que a veces y en parte, puede ser transmitido por un compañero.
Al rato llegaron junto a un árbol que se balanceaba de manera algo extraña.
El derviche se detuvo y a los pocos instantes dijo: El árbol está diciendo: "Algo me está lastimando, deteneos un rato y quitadlo de mi costado de manera que pueda encontrar reposo" .
"Bah, tenemos prisa", dijo Ibrahím. "Además ¿desde cuando los árboles se comunican con los hombres?"
 A las pocas horas de camino, el derviche dijo: "Cuando nos encontrábamos cerca del árbol creí haber olfateado miel. Puede que hay sido un panal de abejas salvajes construido en un costado del árbol."
"Si eso es cierto", dijo Ibrahim "volvamos de prisa para juntar la miel que podríamos comer y vender una parte para el viaje".
Cuando llegaron nuevamente al árbol, vieron que otros viajeros la habían ya descubierto y estaban gozosos de haber encontrado cantidad tal, como para asegurar largo tiempo de sustento.
En vista de lo cual, siguieron su camino
Al poco tiempo llegaron a una montaña en cuya ladera se escuchaba un zumbido.
El derviche aproximó la oreja al suelo, y luego dijo: "Debajo de nosotros hay millones de hormigas construyendo una colonia.
Ese zumbido es un pedido colectivo de ayuda.
En el idioma de las hormigas significa: Ayudadnos, ayudadnos, estamos escavando, mas nos hemos tropezado con rocas extrañas que detienen nuestro avance.
Ayudadnos a quitarlas de ahí" El derviche continuó y dijo: "¿Deberíamos detenernos a ayudar o prefieres que sigamos adelante? .
"Hormigas y rocas no son asunto nuestro hermano, tenemos objetivos más importantes, pues yo por mi parte estoy buscando a mi maestro interior." Contestó Ibrahím.
"Muy bien", dijo el derviche... "aunque dicen que todas las cosas están relacionadas y esto tendría que tener una cierta relación con nosotros..."
Ibrahím no prestó atención a lo que aquel viejo que le acompañaba decía ente dientes, así que siguieron el camino.
En la noche cuando se detuvieron, de pronto Ibrahím se dio cuenta de que había perdido su cuchillo.
"Debe habérseme caído cerca del hormiguero", dijo.
De modo que a la mañana siguiente volvieron sobre sus pasos buscando el cuchillo.
Al llegar nuevamente al hormiguero no encontraron ni rastro del mismo, pero lo que sí encontraron fue a un grupo de personas, descansando junto a una enorme pila de monedas de oro.
"Éstas", dijeron las personas con júbilo, "son un tesoro escondido que acabamos de desenterrar.
Estábamos en este camino cuando de repente un anciano derviche por cierto muy parecido al que te acompaña, nos dijo: "Cavad en este lugar y encontraréis aquello que es roca para unos y oro para otros.
" Ibrahím maldijo su suerte. "Si sólo hubiéramos parado, tú y yo habríamos sido ricos oh derviche"
 A los pocos días de travesía llegaron a orillas de un hermoso río.
El derviche se detuvo y mientras se hallaban sentados esperando a la balsa que los cruzaría, un pez emergíó varias veces, boqueando en dirección hacia ellos. "Este pez", dijo el derviche, "nos está enviando un mensaje que dice: Me he tragado una piedra, agarradme y dadme de comer aquella cierta hierba, así podré vomitarla y encontrar alivio.
¡Caminantes tened piedad!
" En ese instante apareció la balsa e Ibrahím, impaciente por seguir adelante empujó al derviche dentro de ella.
Al fin y al cabo los peces no eran asunto suyo. Cuando llegaron, el barquero se sintió agradecido por la moneda que pudieron darle y les indicó un lugar junto a la orilla en el que podrían pasar la noche.
A la mañana siguiente y poco después del amanecer, apareció el barquero diciendo: "La noche última ha sido una noche de suerte.
Sucedió que al llegar la hora de retirarme a descansar a mi casa, aparecieron unos viajeros en la orilla solicitando mis servicios, y aunque ya no era la hora de trabajo y, además parecían pobres, me dije: aunque sea por hacer la buena obra del día y recibir el Baraka, decidiré volver y realizar el servicio que me solicitaban.
Pero, resulta que al volver hacia mi casa, de pronto vi que un pez se había arrojado sobre la orilla y aparentaba tratar de comer una hierba.
Sentí compasión por él y metí la hierba en su boca. Aquel pez a continuación vomitó una piedra y se zambulló de nuevo en el agua.
Pero ante mi sorpresa, aquella piedra luminosa era un perfecto diamante de incalculable valor.
Ibrahím enfurecido le dijo al derviche: "¡Eres un demonio.
Tu conocías los tres tesoros por alguna percepción oculta y, sin embargo, en ninguna ocasión me lo confesaste!. ¿es eso verdadero compañerismo?.
El anciano tan sólo miró a Ibrahím y sonríó con ternura. En ese momento, la voz áurea de un poeta que cantaba junto al río, llegó acariciando los oídos de los dos viajeros diciendo : Llegará un día en que tras conocer y dominar las aguas, los vientos, las rocas y el fuego dominaremos para la Vida las energías del amor
Ese día habremos despertado del gran sueño y los astros bailarán la danza sagrada que convierte el conocimiento en conciencia y la conciencia en amor!!!!!!!!



 


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