viernes, 11 de enero de 2013

Una historia Zen






Un monje Zen atravesaba un bosque. De repente se dió cuenta de que le seguía un tigre, así que empezó a correr. Pero su carrera era de tipo zen; no tenía prisa. No es que estuviese loco. Su correr era suave, armonioso. Disfrutaba de ello. Se dice que el monje pensaba: "Si el tigre disfruta ¿por qué no puedo hacerlo yo?".
Y el tigre le seguía. Luego llegó cerca de un precipicio. Para escapar del tigre se colgó de la rama de un árbol. Y a continuación miró hacia abajo. En el valle había un león, esperándole. Llegó el tigre y se detuvo cerca del árbol, en lo alto de la montaña. Y el monje colgaba de una rama justo en medio de un león esperándole mas abajo.
Se rió. Luego miró con mas atención. Dos ratones se dedicaban a cortar la rama de la que colgaba. Entonces estalló en carcajadas. Y se dijo: "Así es la vida. Día y noche, como un ratón blanco y otro negro. Y vayas donde vayas, la muerte te espera. ¡Así es la vida!" Se dice que alcanzó un satori, el primer vislumbre de la iluminación. ¡Así es la vida! No hay nada de lo que preocuparse; así es como funcionan las cosas. Vayas donde vayas la muerte te aguarda. Y aunque no vayas a ningún sitio, el día y la noche te recortan la vida. Así que rió a carcajadas.
Miró a su alrededor. No había de que preocuparse. ¿De qué te vas a preocupar cuando la muerte es algo seguro? Sólo en la incertidumbre pueden medrar las preocupaciones. Cuando todo es indiscutible no existe la preocupación; ahora se ha convertido en un destino. Así que se dedicó a ver cómo podía disfrutar de esos escasos momentos. Se dió cuenta de que junto a la rama crecían algunas fresas, así que recogió algunas y se las comió. Ah, eran lo mejor de la vida. Se dice que se iluminó en ese preciso instante.
Se convirtió en un buda porque tuvo la muerte muy cerca y no tuvo prisa. Disfrutó de las fresas. ¡Qué dulces! ¡Su gusto era dulce! Dió gracias a la existencia. Se dice que es ese momento todo desapareció: el tigre, el león, la rama, y también él mismo. Se había convertido en parte del cosmos.

Eso es paciencia, ¡paciencia absoluta! Estés donde estés en este momento, disfruta de él sin preguntarte por el futuro. Sin futuro en la mente, sólo el momento presente, la presencia del momento, y estarás satisfecho. No habrá necesidad de ir a ningún sitio. Estés donde estés, desde ese punto caerás en el océano; te harás uno con el cosmos.

El sendero del yoga OSHO

Namasté
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siii MARAVILLOSO Y ALECCIONADOR
LAS DIMENSIONES DEL DESPERTAR ESPIRITUAL SE MANIFIESTAN ASIII

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GRACIAS ALE, HERMOSO.
BENDICIONES
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me encanta osho,muchas gracias
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.Es un bellísimo cuento, que me llevó a pensar cuan largo es el camino, y, cuanto me falta caminar, ¿podré llegar en algún momento?
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me gusto mucho,OSHO. bendiciones
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Ale,  asi es el vivir. todo lo que tiene que venir llega. mientras a comer las fresas del jardin que tenemos. Es solo hoy.  gracias hermoso mensaje. Namaste.

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